Compañeras guía: Melina Alzogaray, Ana Apontes.
Primera transmisión de El canto de los cuerpos (o Corazón embalsamado)

Julieta Seco (Catamarca, 1990) es lectora, poeta y cineasta. Su oficio se ha volcado a las artes del montaje y la edición así como al trabajo documental. Hace algún tiempo comenzó a producir una película de su autoría –El canto de los cuerpos-. Las notas a continuación son reflexiones de la autora en torno a su propio trabajo creativo y algunas transcripciones de su libreta de apuntes.  

1.- “Cómo empecé pensando una película en torno a los rugbiers, hasta que me animé a redactar Preguntas para chicas que crecieron acá más o menos en la misma época que yo”.

Esto empezó con la promesa de un diario de encuentros con mi hermano Lucas -con quien casi no me frecuento- bajo la excusa de pedirle permiso para usar ciertas imágenes de su adolescencia, videos que habían filmado con sus amigos, en una película.

El diario después se diluye porque los encuentros resultaron ser sólo uno.

“Voy a almorzar, en el camino compro papas fritas, estoy nerviosa. Hace cinco meses que no lo veo, no recuerdo que hayamos tenido un encuentro exclusivo así en años. Creo que la última vez fue cuando vivíamos en la misma casa, techo de Madre y Padre.

(Tengo seis años, se me ocurre inventar un personaje llamado “Carlitos”, me pongo un shorcito de fútbol, una camiseta musculosa de mi papá, me pinto bigotes con el delineador de mis hermanas y le toco la puerta de su pieza. Le pido que me preste una gorra para ponerme y completar el look. Se prende con el juego y se ríe de mí. Agrueso la voz, me deja pasar a su pieza un ratito.)

Acomodamos la mesa para almorzar. Mientras lo escucho me doy cuenta que él también está nervioso, al escucharlo comprendo que está iniciando un proceso y le gusta considerar que está bastante avanzado, eso me genera entre bronca y ternura. “El llanto es alucinógeno”, me dijo mientras me relataba (como un secreto) la primera vez que lloró en la vía pública. Me gusta ver a la gente llorar, entonces me conmuevo por su relato. Nos estamos mostrando lo más nosotros que podemos. Quiere seguir contándome cosas que quiere contarme, pero trato de no entibiar y redirigir el tema de conversación: mi película.

Por dentro pienso: ¿Qué es este encuentro? Una conquista.

Surge una complicidad en la especulación de cómo reaccionarán sus amigos del pasado, él me demuestra que ha tomado distancia de cómo era antes como varón, la mayoría de la charla juega más a empatizar conmigo que con ellos. Él, por su lado, me da el permiso.
Hay algo que se empieza a cicatrizar o perdonar acá, un reinicio como personas, ¿Así ocurre o es mi deseo ciego de armonizarlo todo?

Me confesó que le cuesta imaginarse el tipo de peli que voy a hacer, le dije que yo tampoco sé.”

Hace cuatro semanas que me pospone las juntadas, quedamos para un día y horas antes o el día anterior me suspende, se muestra culpable por eso pero lo hace, entiendo que es porque no estoy incorporada en su vida, no estamos acostumbrados al vínculo, supongo que hay que regarlo. Me duele eso, pero insisto. Me promete que me pasará los teléfonos y mails de sus amigos así les cuento de mi proyecto y me firman una autorización.

Pasan meses, mi hermano no me pasa los contactos de sus amigos. Mientras tanto, tengo tiempo para preguntarme una y otra vez por qué quiero reunirme con ellos, por qué quiero acercarme a él, quién soy para preguntarle cosas que él no se está preguntando, quién soy yo para quitarles el escudo a estos varones. La espera me agota y descarto pedirles permiso.

Me convenzo que la irreverencia es una hermosa falta de respeto y otra miniconquista.

Descubro dos cosas de mí: en la ausencia de los demás, aparezco. Y qué bien me sale entrevistar y mirar a los demás. Regar.

Escribo:

“De ellos (los videos) deseo: La torpeza física. Descubrir un amor a escondidas. Verlos llorar. Que me inviten a jugar. Estar en cuero. Las malas palabras. El volumen en la voz. El permiso de estar solos.”  

¿qué peluches esconden los torpes?

¿qué baile disimulan esos cuerpos?

¿cuál es la poesía de la fuerza?

Ya sé, me imagino una sinfonía muda.

Mis compañeras-guía* me preguntan algo que me sacude: “Entonces, ¿el tiempo del proyecto lo determinará el tiempo de cómo se remienda la relación con tu hermano?”

Anoto en el cuaderno:

“Cuidado”

y abajo:

“¿A quién le dedico este canto?”

Dibujo un recordatorio en flúor:

Procurar un gran momento para hablar de nosotras.

Entonces me invento la teoría de la niña salvaje. Una púber sexual, desnuda, peluda, desmedida, preguntona. ¿Qué hubiera sido de ella|nosotras (que en el fondo somos) sin lo heredado, educado, contagiado, impuesto? ¿Quién interrumpió el crecimiento de esta pequeña bestia? ¿Qué hubiéramos seguido siendo sin esa “castración”?

 ¿Cómo es el amor hacia adentro? Por ahora, hacer una película.

Una película del canto antes muteado de las que nos quitaron dos veces el micrófono en el acto de egreso. Una, por ser mujeres, dos, por ser pequeñas.

*Compañeras-guía: Melina Alzogaray, Ana Apontes.
Para ver algunos trabajos de Julieta visita https://vimeo.com/julietaseco