La voz como arma
Creación colectiva x Buñuelos Comunidad Creativa.

Textos: Iliana Pichardo, Lucía Malvido, Facundo Torrieri.
Ilustraciones y edición de video: Enzo Rodríguez Suárez.
Captura de imágenes: Fernando González Panzi, Facundo Torrieri.


Lucía: El día que estallaron las protestas en Chile vi fue un video filmado con un teléfono celular desde el interior de la estación del metro Santa Lucía. Las puertas de acceso están cerradas a cadena pero una horda desconocida golpea, patea y, a la fuerza, logran tumbar la barrera. Las personas que conforman esa multitud entran corriendo a la estación y saltan los torniquetes. Recién ahí se descubre su identidad. Son decenas de chicas de colegio secundario. Llevan la cara tapada con suéteres o pañuelos, la falda escolar arriba de las rodillas, la pesada mochila cargada a los hombros.

Facundo: Todos los convenios sociales son, desde este punto de vista, un montaje también. Los privilegios son un montaje: una mentira. La materia prima de esta representación colectiva, de la sumisión a los poderosos, es la violencia extrema.

Nuestro corazón sabe, nuestro corazón conoce la felicidad, nuestro corazón no percibe las burdas representaciones del terror. Tenemos que encontrarnos, tenemos que darnos ese gran abrazo.

Represión en Resistencia Chaco.

Lucía: Tuvimos que elegir dejar de ver, porque los videos de la violencia se acumulaban en masa. Vi con mis propios ojos cómo la policía prendía fuego a un banco. Ví cómo los militares arrastraban cadáveres y gente herida y formaban una pirca de cuerpos en la esquina de una calle vacía. En los medios las cifras aparecen recortadas. El 22 de octubre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contabilizaba 42 muertos, 12 mujeres violadas, 121 desaparecidos y miles de heridos y torturados. Pasaron cinco días desde entonces. Hoy son más.



El viernes aparece un video en Twitter. Un grupo de jóvenes trabajan en la terraza de un edificio en el centro de Santiago de Chile. Tienen un buen equipo de filmación, varios trípodes emplazados hacia distintos puntos cardinales. Quizá unas dos millones de personas se amontonan bajo el lema Renuncia Piñera. Unas horas después el mandatario chileno publica un tweet:

“La multitudinaria, alegre y pacífica marcha hoy, donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario, abre grandes caminos de futuro y esperanza. Todos hemos escuchado el mensaje. Todos hemos cambiado. Con unidad y ayuda de Dios, recorreremos el camino a ese Chile mejor para todos”.



Facundo: ¡Santiago de Chile es nuestro corazón brillando! El poder en el mundo tiene que desistir. El empeño por obtener y sostener cada privilegio, tiene que desistir. La audacia y el patetismo con el que festejamos las jerarquías, el dominio y la destrucción de la naturaleza. Tienen que desistir. Este planeta no está en condiciones de negociar con privilegiados de ningún tipo. Seremos íntegros o no seremos nada.


Lucía: Incrédulos, millones de nosotros -no dos millones, sino tal vez 200 millones, tal vez 2000 millones de personas alrededor del mundo- confirmamos que esta gente nos ha robado no sólo el trabajo, no sólo el futuro, no sólo la esperanza, no sólo la libertad sino también las palabras. Nos han robado la legitimidad de comunicar nuestras necesidades. Mienten cuando dicen la verdad. Con su maldad y su codicia han secuestrado algo que pensábamos que no le pertenecía a nadie, que era imposible conquistar, el significante único de las cosas, lo que son en realidad antes de que podamos nombrarlas.

Antes fue Haití, Perú, Ecuador. Entre tanto Irak, Líbano, Hungría. Inglaterra, España. Cierre del Congreso, fuego, represión. Los húngaros quemaron los campos sembrados con semillas transgénicas para proteger sus propias cosechas. En Bolivia una marea de burgueses con chamarras importadas marcha en contra de los resultados de la elección. Los argentinos, tras un acampe que duró semanas, lograron que el congreso dictara una Ley de Emergencia Alimentaria que aún no ha sido puesta en práctica.
Ayer por la noche hablé con Enzo. Me dijo que sentía tristeza, angustia por lo que ocurre en Chile. Pero también una profunda sensación de fraternidad, de comunidad.


Iliana:
Es otoño, hay que salir a caminar,

para romper la atmósfera desesperante que nos calla.

Hay que salir a caminar

para atravesar el invierno,

la noche,

la locura.

 

Hay que salir a caminar

porque recordarlos

es no olvidar la vida,

la belleza,

lo que nos hace humanos.

 

Chile canta,

canta fuerte.

La voz como arma

para que los sonidos crucen el silencio.

 

Lucía: En 2017 vivíamos en Argentina. Quisimos quedarnos, pero nos tuvimos que ir. Ahora estamos en México. AMLO ganó las elecciones y nada ha cambiado del todo, excepto una cosa muy importante, no sentimos vergüenza del presidente que tenemos. La democracia es una utopía en la que la gente todavía cree. El pueblo reunido, en cualquier lugar del mundo, ha sido privado de las herramientas institucionales para ejercer verdaderamente ese supuesto derecho. Como lo confirma Piñera en esa comunicación diabólica, a ellos no les importa cuánto gritemos, no les importan los vivos ni los muertos. Pero mientras sean ellos los que impongan su orden, el mundo entero ya cantó que no nos vamos a quedar callados, no nos vamos a seguir aguantando los abusos ni el saqueo, el vaciamiento de nuestros recursos, de nuestras conquistas, de la mínima cuota de dignidad que supieron conseguir nuestros ancestros. Queremos más. Queremos que se quiten y nos dejen vivir en libertad. Queremos verlos acostados sobre sus barrigas con la cara embutida en el barro. Seguimos de pie. Hemos sobrevivido a este mundo terrible que ellos inventaron. Lo seguiremos haciendo hasta volver a encontrarnos, hasta tener un techo seguro sobre nuestras cabezas, hasta que los reclamos de nuestros hermanos de los pueblos originarios sean atendidos, hasta que se entienda que el mundo es de la mayoría y no de su élite de ladrones bancarios. No hay remate.



Levántate y mira la montaña, de donde viene el viento, el sol y el agua.

Tú, que manejas el curso de los ríos, tú, que sembraste el vuelo de tu alma.

Levántate y mírate las manos, para crecer estréchala a tu hermano, juntos iremos unidos en la sangre. Hoy es el tiempo que puede ser mañana.”

                                                                                                            Víctor Jara